Capítulo 2: Mil calumnias y un destello
“(...) un ruiseñor en su cojín de plumas/ tanto batió las alas/ que desató la nieve (...)”
Vicente Huidobro
I
“(...) Propongo algo muy pocas veces hecho, por no decir ninguna. Hagamos una apología del escepticismo y librémonos de todo, y me refiero a todo, lo que se nos presenta con velos mágicos. Des-cubramos, etimológicamente hablando, los rostros de todas las caras de esas dudosas manifestaciones. Aquí propongo que, si deseamos la verdad como un fin in-mediato, no dudemos en destrozar esas enigmáticas cuestiones, por mas que sepamos que al descubrirlas perderán todo el encanto. Si deseamos continuar en nuestro proceso de desmitificación de ciertas “cosas”, no valen argumentos del tipo “prefiero creer en algo”o de un porte similar.
“Uno de los grandes placeres del hombre contemporáneo, es la lectura de ciertas pseudo-obras de carácter pseudo-literarias. Me estoy refiriendo a la poesía. La poesía no posee ninguna magia mas allá del escrupuloso manejo del lenguaje por parte de un literato frustrado en su existencia en el planeta tierra que pretende, a fuerza de sofismas y herramientas retóricas, que su exposición entre en el mundo de la intelectualidad.
“(...) El método de comprobación que a continuación pasare a explicar, esbozará con los resultados las raíces de mi hipótesis, ya que el lector mismo llegara a las mismas conclusiones que he llegado yo.
Propongo “sinonimizar” cada una de las palabras que compongan un poema, poesía, verso o soneto, para que de ello se observe cual es el cambio que se produce en la estructura de la obra.
Podemos afirmar que si un axioma se ha tomado como verdadero aunque se “sinonimicen” los términos empleados en su redacción (...) obtendremos el mismo significado que el producto sin elaborar por el medio propuesto. Así se deduce que la poesía no es más que una selección subjetiva de palabras que conmueven por su valor formal, pero no por su valor semiótico. (...)”
“La cosmética de las palabras”
Angel D. Ramírez
II
Hector convence a Enrique de que no sea tan cerrado y que empiece a vincularse un poco más con internet. Enrique tampoco se hace rogar demasiado y acuerdan, mientras Hector vomita, que van a ir a un ciber al día siguiente y que el vomitador le va a enseñar los detalles básicos como para que aprenda y pueda estar conectado con el mundo; y Enrique se deja convencer por algo que Hector no dijo y piensa ahora que España sí esta dentro del mismo mundo.
III
Enrique llega a su casa y lo primero que hace es anotar el teléfono de la panki, que se llama Carolina, en su agenda. Va hasta la cocina y pone la pava en el fuego para hacerse un café bastante cargado, pues así lo exige la situación. Tiene sueño, pero no tiene muchas ganas de dormir, mas bien de leer un poco o escuchar algo de música. Siempre que llega de un recital se pone a escuchar música, como si no le hubiese bastado con las horas que paso haciendo lo mismo. Piensa en la panki y piensa en Laura, que por estas horas debe estar desayunando en la casa de Esteban, talvez los dos juntos en la cama, dándose unos besos asquerosos de monos en
celo, o talvez ya estén yendo a caminar o haciendo lo que sus putas rutinas les exijan. Cuándo va a escribir, de manera decente, esta condenada que solo escribe mails, esta conchuda que, sin culpa, se fue a un lugar donde él no puede ir, y a donde no llegan sus pensamientos telepáticos. Cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc.
“¿Qué le diría si ahora se me presentara diciéndome que vino a despedirse para siempre y que siente que algo falto decir entre nosotros dos?”
cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc.
“Le diría que quiero que se quede con migo para lo que me quede de vida, que ella sabe lo que significa amor para mí, y que estaría dispuesto a darle lo mas que pueda para que seamos humanamente felices. Le mordería el cuello en señal de lo que siento. La estrangularía con un beso y la ahorcaría en un ramerío de caricias” cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc, “Pero ¿Qué mierda estoy diciendo? Primero, ella no va a aparecer de la nada; y, segundo, seguramente la invitaría a jugar una ultima partida de tutti-frutti, como buen pelotudo que soy” cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc,cloc, la onomatopeya numero cientoveinte del agua hirviendo hace que Enrique baje a la tierra desde sus divagaciones hipotéticas-deductivas, y apague la hornalla con esa cara de boludo que según la madre “es el único gesto que me hace acordar a cuando eras chico”. Se prepara el café, media taza después de tanto hervor, lo toma de un sorbo y se va a su pieza. Prende el grabador y pone “Complete Madness” de Madness. Prende el foco y lo mira con un cariño raro. Tararea un poco al ritmo del ska y vuelve a acordarse de Laura. En realidad nunca desde aquel día sin registro se olvido de ella ni dejo de pensar en ella. Se acuerda las veces que fueron juntos a unos cuantos recitales y ella se mandaba al pogo abrazada a él; se acuerda cuando iban a bailar para que ella le sacara tragos a los flacos y después aparecía él diciendo que era el novio y ella le daba un piquito inocente de actriz de reparto, pero que Enrique disfrutaba como un premio Oscar, o más. Se acuerda cuando iban a la pileta en verano, y se acuerda de ese biquini verde que llevaba siempre Laura y que lo hacia calentar un montón. Se acuerda y se calienta, y por dentro le surge una moral que le dice que es una falta de respeto que el ahora tenga su miembro “en su máxima potencia” como diría Mónica Martínez; también le dice que es una falta de respeto que se empiece a acariciar lascivamente, que comience a gozar de esos arrebatos impuros. Y más tarde le dirá que es una falta de respeto que finalice su herejía sobre la remera que se olvido Paola en su casa.
IV
Enrique se esta durmiendo en la calle. Cabecea y duda de lo que esta por hacer. No es la primera vez que lo va a hacer, pero igual duda. Enrique quiere la libertad, una libertad no-humana pero apta para humanos. Enrique quiere la libertad del linye, de vagar sin rumbo, sin patria, sin un dios que le pise los talones ni un diablo que le muerda los tobillos. Quiere dejar los pies de plomo y la paranoia. Quiere dejar huérfana a su moral y extinguir el fuego de sus prejuicios en el gran mar de una noche estrellada. Hace mucho frío, frío, frío, como para empezar hoy. Hay una familia que espera algo de él, hay unos amigos que pretenden que él crezca. ¿Crecer? No entiende, ni nunca entendió, que mierda quería decir crecer. Tener plata, una linda esposa, uno/s lindos críos con cachetes deseables para las viejas chotas, criados con libertad pero con los límites propios de la sociedad en la que vivimos. Como se diría: un muchacho ejemplar, ¿vió?. Enrique piensa y se desgasta la cabeza pensando. No cree en nada, lamentable o afortunadamente, depende el momento y el contexto. En el momento que esta viviendo le parece que lamentable no creer en nada; la noche pesa, y desgasta. En la noche hay muchos duendes, drogas, putas, linyeras y fantasmas, sobre todo fantasmas. Fantasmas de relaciones muertas o fantasmas de relaciones que nunca existieron y que conforman el cúmulo ominoso de una imaginación terriblemente enclaustrada dentro de una cultura detestable con sus paredes de huesos y mitos y tabúes y lenguajes y creencias y patrones y esclavos y estamentos y libros y músicas y leyendas y puta que
te parios y mierdas y concha e’tu madres y cenos y bebes y adolescentes y adultos adulterados y ancianos y muertes y purgatorios y infiernos y castigos y cielos y vidas eternas y la nada y la nada y la nada. Uno se puede cagar tan alegremente en la humanidad y limpiarse el culo con toda la seda de las palabras. Y las palabras se pueden marchitar sobre lienzos sin perfiles. Y las palabras se pueden coger con tanta pasión hasta acabar con la razón del alma o del espíritu o de la esencia o de lo invisible a los ojos o como 666 se llame. Nada, nada, nada. Nada, nada, nada. Todo, todo, todo. Todo, todo, todo. Nada, todo, nada. Todo, nada, todo. Nodo, tada, nodo. Ntnt, aaoo, ntnt. Aaaaaaarghhh????????!!!!!!!!!!!.
¡Cómo cuesta imaginarse nada! Creo que exige la misma amplitud mental ( o abstracción) que imaginarse todo. Son dos extremos totalmente antagónicos; el cenit y el nadir; la vida y la muerte; la luz y la obscuridad. ¿Cómo podemos hablar de nada si en realidad no conocemos lo que es nada? ¿Cómo podemos disertar sobre lo que es todo si solo conocemos unas migajas de la totalidad?
Después de nada vino Adán, y Adán la verdad que no hizo nada.
Pienso que desde que la nada dejó de ser nada, se transformo en todo. No estamos capacitados mentalmente para soportar la carga absoluta o la carga nula. Una instancia es opuesta a la otra, pero son co-dependientes, mantienen una relación de apoyo mutuo y de existencia compartida. Todo existe porque nada existe; si todo deja de existir, nada quedaría viuda y en su ataque de histeria nos iríamos todos a ningún lugar. Si nada perece, todo nos saturaría con tanta intensidad que nos haría reventar en una jale licuefacta y sanguinolenta. Lo que mantiene unido y feliz a este matrimonio existencial son los dolores de cabeza de los seres humanos en la búsqueda de un porque, y sus consecuentes perturbaciones mentales, no son mas que ofrendas para el simpático par de cónyuges.
Los seres humanos tenemos frecuentes contactos con los hijos bastardos de esta pareja, dentro de los cuales encontramos a los “ni fu-ni fa” (mas conocidos como NO SÉ), ellos son nuestros más fieles amigos a la hora de destapar nuestra ignorancia. También existen los perversos CASI TODO y CASI NADA, que no son mas que dos facetas de un mismo ser innombrable para la lengua humana. Primero se nos aproximan los CASI TODO, que nos dan aliento, animo; nos susurran dulcemente al oído “¡adelante!, expresión de la voluntad del hombre”, para que, luego
de percatarnos de que en la realidad no hemos hecho mas que comenzar, se transformen abruptamente en los burlones CASI NADA, que, mofándose, nos dicen “recién empezás, ¡representante de la insignificancia humana!”.
Solo nos resta rogar que no se produzca un conyugicidio, y, para ello, debemos seguir ofrendando nuestra cordura, para el bien y el correcto marchar del universo.
V
Enrique tuvo su primer encuentro formal con internet. Ya tiene su propia casilla de mail, ya le mandó un mail a Laura, otro a Fernanda – para ver como estaba, pues un sentimiento de culpa se apodero de él anoche- y estuvo chateando con unas minitas. “La verdad que no es tan mierda” dice Enrique, “¿Viste? Era cuestión de que dejaras un poquito tus prejuicios de lado. Además vas a ver qué fácil que es engancharse unas pibas acá” dice Hector mientras Enrique lo ve como a un profeta de una nueva secta que quisiera poseer su alma a toda costa. Enrique se ríe solo y quedan en ir de nuevo pasado mañana.
VI
No te hamaques tanto en tus ideas, seria como disfrutar de comer vidrio molido. El vidrio molido del foco que ilumino tus noches de insomnio, donde no podías dormir pensando en ese sexo que
te cambio la vida y del cual disfrutaste gracias a que el foco estuvo encendido. Te iluminó, y también la iluminó a ella mientras te hacía una fellatio que te erizaba la piel y te daban ganas de que te chupe el pito toda la vida. Y te ilumino también cuando le derramaste todo tu producto entre las tetas y no lo podías creer. Te ilumino también cuando leíste lo que te dejo escrito esa ultima noche, ese papelito que te sorprendió en la almohada y que guardas donde vos ya sabes, y que te estruja la cabeza de alguna u otra manera. También te ilumino cuando estabas buscando esa vena que le escapaba al corte. O, talvéz, fue otra la “luz” que te ilumino, pero no... vos no crees en esas cosas. Tu misticismo se muere cada vez que te haces la paja y acabas sobre la Biblia que te regalo tu vieja. Tachaste una cruz en tu pared, para ver si así dejas de creer en eso que vos no crees, en eso que te debilita y que a la vez te da miedo. Pero, bueno, vos sabes que es la cultura la que determino el bocho: la cultura de la sociedad y el cura; la moral de tu vieja y el cardenal; la represión de tu viejo y su bastón.
Todo por una chupada de pija. ¿ Y el amor? Je! El amor no existe, afirmas para afuera, aunque no sepas como mierda volcar todo lo te oprime el pecho.
Y el foco te ilumina cuando lees a tus autores favoritos, esos que tampoco creen en el amor, como vos -o vos como ellos-.
Y continuas columpiándote en tus ideas. Y la noche pesa, y desgasta. En la noche hay muchos demonios y brujas, y duendes, y fantasmas; sobre todo fantasmas. Fantasmas de relaciones muertas, de sentimientos enterrados y que vagan en pena entre las cuatro paredes de la tumba donde tu foco disipa algunas sombras, solo las necesarias como para continuar en tu suplicio que llamaron vida cuando te dieron a luz. Primero te dieron a luz y después te alojaron en el lugar más oscuro de las catacumbas; y te regalaron un cadáver para que vallas aprendiendo como hacer mierda a la gente. Después invocaste tu propia santidad para ocupar ese cadáver que te legaron; y fuiste aprendiendo como transformarlo mas y más en una mortaja.
Y ella chupó un pedazo de mortaja!!! Pero le dio vida a tu cadáver. Después quisiste animarte a mas mientras mirabas la tele y sus propagaron en vos el simple y maravilloso deseo de beber una gaseosa y así poder apagar las ansias que te consumían tras ver los muertos en Irak por Internet; aunque visitabas www.muertosenlared.com.us , ya estabas buscando una nueva petera en el chat. Y, si... hay que agotar todos los medios para arreglar el armatoste que tenés como vida. Buscaste una aspirina para tu cáncer, aunque este ya se había ramificado hasta tu pito, y tuviste que sacudírtela para sacar un poco de pus de tus entrañas. No tenés donde limpiarte y ves que donde vos ya sabés está el papelito que ella te escribió y te limpias ahí. Entre la leche lees una frase suelta: “Sos un hijo de puta ad honorem” y tiene razón! ¿No? Vos no ganaste nada batiendo el amor y actuando de Romeo en una parodia absurda de Shakespeare. Lo mirás y te cagás de risa y memorizas lo de “hijo de puta ad honorem” para jactarte de cínico intelectual cuando pinte alguna charla culta de esas que vos tenés y de las cuales no aprendés un carajo.
Por la ventana ves que se asoma el día y apagas el foco para dedicarte a dormir. Pero antes te tocas la berga y todavía la tenés dura, ¿sabes que? Aun hay mucha ponzoña entre tus vísceras. Pero no importa, ser un transgresor esta de moda!
VII
Hector escribe en un cuaderno viejo y casi sin hojas que el mundo no puede cambiar, que si no es el fin de la historia debería serlo porque el ser humano ya cumplió su etapa. Escribe que las palabras le son ajenas, que ya no le alcanzan para expresar eso que la palabra sentimiento quiere decir según una estipulación consensuada que nunca le preguntó nada. Nada, piensa, y le resulta imposible no pensar en Enrique cuando piensa en nada. Le resulta imposible no pensar en él, con todos sus defectos y todas sus calamidades, pero piensa en él, que es lo que se podría decir su mejor amigo, su único amigo. Piensa en todas esas palabras que le dijo como al pasar pero que tuvieron una repercusión tremenda, y sutil a la vez, sobre su forma de ver el mundo. Se acuerda cuando Enrique le hablaba sobre la nada y sobre la idea humana de la nada. Se acuerda entre
líneas que surgen de su mano, por una cuestión azarosa y sin sentido, de su nihilismo sustancial que lo hacia una persona poco común, un ser digno de una admiración que todavía no alcanzaba a comprender.
Hector comienza a escribir como Enrique, se piensa Enrique por un instante de despersonalización que lo lleva por caminos inconquistados de su supuesta metacognición. Comienza a insultar, al igual que Enrique, la ausencia de representación de las palabras que le asignaron con lo que empieza a sentir. “Sentir”, escribe Hector en un cuaderno viejo y casi sin hojas, y no puede dejar de pensar en Enrique cuando escribe la palabra sentir en un cuaderno viejo y casi sin hojas que ahora espera, abierto sobre la mesa del comedor de la casa de Hector, que éste escriba otra palabra que pueda asociarse con otra cosa que no sea Enrique.
VIII
Pasados ya los días donde se podía llegar a notar en él un alto grado de desesperación, que él no pretendía demostrar pero que sí sentía, ya que le había caído muy bien, le gustaba y, además, compartían unas cuantas cosas, aparentemente, mas allá de un gusto musical, Enrique decidió llamar a la panki, Carolina. Comienza a pensar qué decirle para que no se note sus ganas de verla, y se le ocurre, luego de un largo rato de una meditación profunda, una breve cronología del tiempo que paso con ella, un detallado análisis de las palabras que se dijeron, una rápida revisión de sus experiencias con chicas como ella, o parecidas, y un mas que útil afianzamiento de su seguridad ante el asunto, invitarla a tomar algo en algún lugar que ella elija o, si es que ella ya tiene planes con sus amigos, que seguramente serán con alguno de los/as flacos/as con los que fue al recital el otro día y con los que también quedaron en salir, preguntarle si no se podría enganchar él.
Enrique llama, después de estar revisando mentalmente su itinerario durante unos minutos frente a un teléfono que esperaba por ser utilizado, y lo atiende la madre de Carolina. Enrique le explica quién es y la madre, tras una averiguación bastante irritante, le pasa con Carolina. Después de los típicos comoandas, quehicisteenestosdias y quebuenoqueteencontre/llamaste, Carolina le dice que van a ir a otro recital y que no hay problema en que el se enganche. Arreglan el horario se dicen chaunosvemoscuidate y cada uno corta con la comunicación, tuu, tuu, tuu, tuu, y Enrique se va a su casa a emperifollarse y ponerse lindo.
XXX
Enrique, otra vez borracho, qué hay de tu vida, qué hay de tu integridad como ser humano, qué diría Laura si te viera así, tan hecho mierda.
Hoy convergen todas las miradas alrededor de una sola luna y un solo conjunto de estrellas que se ponen ante mí para que las tome a mi antojo y las mezcle coléricamente y vuelva a arrojarlas sobre el mismo paño de donde las tome.
Enrique, otra vez borracho, qué hay de tu vida, qué hay de tu integridad como ser humano, qué diría Laura si te viera así, tan hecho mierda.
Esta noche es noche buena y mañana no es navidad, ni pasado, ni nunca es navidad para un hombre triste y sus escasas palabras para un mundo tan metafórico como el que piso.
Pensa, Enrique, pensa.
Es tan poco lo que puede ser que pretendo que nada sea, es inútil relativizar cada cosa, es seguir un juego de planificación para vencer al enemigo con sus propias armas... yo prefiero negarlas, apuntar directamente todas mis huestes a la etimología de cada percepción y de cada realidad, ahogarlas con nuevos venenos, perderlas en un laberinto mental de donde no puedan salir con ninguna magia, quitarle todo contenido a la forma, robarle toa forma a todo contenido, maldecir dialécticamente cada par de opuestos. Hoy no habrá sujeto ni objeto, hoy las esencias superficiales de la existencia bailaran para mí como un harén de putas que van directo al cadalso.
Pensa, Enrique, pensa.
Esta noche me bautizo ~@#$%^^&* en honor a mis antepasados sin nombre. Esta noche me bautizo con mis propios vicios como el heredero de la nada, ¡Qué viva el rey!
Pensa, Enrique, pensa.
Enrique ha muerto, ¡Qué viva Alejandro! El nuevo yo, Alejandro el Grande, el nuevo duque de la mentira, señor de la discordia, Emperador de El Fracaso, Amo de la venganza y dueño de la infernal misericordia. Maldigo con mi nueva potencia a Enrique el Idiota, bailaré sobre su tumba y vomitaré los restos de su régimen en la próxima orgía.
X
Se encontró con Carolina. Bebieron hasta el hartazgo, poguearon de manera desenfrenada, hicieron sociales con chicos cool y con chicas re copadas. Cuando salieron siguieron bebiendo, bebieron de sus bocas – Enrique tenía razón, estaba todo bien- se lengüetearon asquerosamente y casi casi terminan en la casa de alguno de los dos. Pero parece que el tiempo reserva para el sábado a las seis que Enrique pueda disfrutar de los jugos de Carolina. Igualmente esta muy borracho, pero MUY borracho como para disfrutar de un poco de sexo.
XI
Él la vio, supo desde el primer contacto visual que no debía dejarla escapar esta tarde. Ella lo miró con un aire indiferente pero complacida de su presencia. Él la invitó cordialmente a su casa con el pretexto del frío y para poder escuchar un poco de música. Ella acepto gustosa y halagó la idea de él de ir a un lugar un poco más caluroso. Él abrió la puerta lentamente evitando dar pruebas visibles de su desesperación, y le propuso pasar. Ella asintió y prosiguió al avance. Él le dijo que se siente. Ella se sentó. Él le trajo un vaso de cerveza y luego se disculpó por ser tan atrevido y no ofrecerle algo caliente. Ella dijo un noestabiennotepreocupes. Él puso música. Ella comenzó a cantar mirando distraídamente la decoración del recinto. Él comenzó a elogiar la música como para sacar un tema de conversación. Ella respondía solo si y no y emitía unos silencios que desafiaban la espontaneidad de él. Él bebía de su vaso tranquilamente mientras ritmeaba con la pierna y la cabeza. Ella le preguntó la ubicación del baño. El se la indico y le pidió disculpas por el desorden en que se encontraba. Ella admitió el desorden pero humanizó la carencia de pulcritud. El se sintió incomodo en su soledad y se preguntaba como hacia ella para hacer lo que estuviera haciendo con un silencio de hospital. Ella salió del baño con una sonrisa y le dijo un estetemameencanta y bailo graciosamente un instante. Él rió. Ella rió. Él comenzó a criticar las formas de bailar de sus contemporáneos. Ella reía y agregaba fuertes dosis de crítica a la danza actual. El se levantó. Ella continuaba parada. Él iba hacia un lugar hipotético cuyo camino estaba bloqueado por el cuerpo de ella. Ella se corrió solo un poco. Él aprovechó la corta distancia para rozarla. Ella giró sobre un eje imaginario. Él giró sobre el mismo eje. Giraron un poco simétricamente cerrando el diámetro de la circunferencia que generaban sus cuerpos. Él apoyó su frente en la frente de ella. Ella apoyó un brazo en el hombro de él. Él redujo el ángulo que formaban sus rostros teniendo como intersección entre las líneas de sus rostros, la unión de sus ya sudorosas frentes, hasta cambiar el punto de apoyo a sus narices. Ella cerro los ojos. Él comprendió que era momento de que las paralelas se unan. Él tomó su cintura. Ella descansó sobre su cuello enredándolo con dos brazos como serpientes constrictoras jugando con su presa. Él apoyó su boca sobre la boca de ella. Ella no se resistió. Él la tomó del pelo. Ella comenzó a morderlo. El se rió. Ella se rió volviendo ambos al antiguo punto de apoyo. Él la mordió demostrándole que comprendía las señales. Ella comenzó a besarlo. Él continuó besándola. Él la guiaba a ciegas hacia el sillón. Ella se dejaba llevar por su lazarillo. Él la volcó suavemente sobre el destino. Ella no dejó de besarlo. El se puso cómodo permitiéndole a ella conservar la posición en la que se encontraba. Él comenzó a sentir que sus pulsaciones se aceleraban. Ella sintió lo mismo. Él comenzó a acariciarla suavemente. Ella se transformó en una seda. El se tropezó con
una protuberancia. Ella abrió los ojos. Él sintió temor, pero continuó explorando la zona recién conquistada. Ella se dejó explorar como una América tlascalteca ante el nuevo dios. Él recorrió llanuras y montañosas praderas de verdes pasturas hasta chocar con un desierto de piel que le dio esperanzas de peregrino al descubrir el oasis umbilical. Ella continuaba en trance. Él disfrutó un instante del calor de su vientre. Ella comenzó a conquistar con sus manos de hielo la geografía lumbar que presentaba su
morfología. El se estremeció por el radical cambio de temperatura que anunciaba una segura precipitación de fluidos. Ella hizo de su pentadactilia una flota naval que despojaba de toda prenda los territorios hiperbóreos de él. El se aventuró a deforestar el acceso a las colinas de la dicha infantil. Ella forcejeó para probar la determinación de él. Él demostró ser el merecedor de sus secretos. Ella garantizó su proeza. Él comenzó a erizarle la piel con la suave garúa de su boca. Ella rogaba un tornado. El se volvió un tornado. Ella lo despojó de toda traba textil. Él hizo lo mismo. Ella se demostró mas atrevida desnudándolo completamente. Él hizo lo mismo. El se dispuso cartógrafo y comenzó a recorrer un territorio de indescifrables puntos cardinales. Ella propuso un norte. Él descubrió entre un valle de espigas el senote donde se ofrecería en sacrificio. Ella lo obligaba a recapacitar ante su obstinación. Él insistió profundizando su paseo en cada comisura. Ella decidió rendirse y olvidó una brújula innecesaria para el espacio donde estaba en ese instante. Él comenzó a saciar su sed en un magma sagrado que ella le entregaba. Ella sintió la erupción antes que él. Él escuchó su rugir y comprobó toda la furia de las entrañas instintivas de la creación. Ella murió, se transformó en supernova, en enana blanca y en una resurrección cósmica se dispuso a transformarse en el universo irracional de una mitología arcaica que encegueció los pobres ojos de aquel mortal. Él conoció el pánico. Ella se volvió la más iracunda profetisa de la religión que estaba por inventar y se arrojó sobre aquel pedazo de barro para darle forma de hombre. Él comenzó a sentirse un hombre. Ella buscaba ansiosamente extraer los secretos procurando absorverlo por completo. Él tomó su cabeza intentando evitar el crimen que tanto deseaba. Ella lo dejó incompleto, le dio el fruto del árbol prohibido para expulsarlo del edén y que desarrolle todo su potencial en encontrar el paraíso humano en ella. Él vió como los ángeles se posaban sobre el infinito de sus piernas abiertas y lo invitaban a retractarse ante su pecado, y así poder encontrar su utopía carnal. Ella bendijo en el idioma de las palabras amatorias aquel encuentro de los cuerpos. El no supo como controlar el tiempo y produjo el diluvio sobre un vientre ardiente. Ella agonizó. Él murió sobre su propio milagro. Ella revivió y le dio una plegaria. Él sonrió. Ella sonrió. Y comenzaron de nuevo a escribir con palabras de caricias el nuevo génesis.
XII
Pucho en mano, vaso en mano, Enrique le habla a Carolina sobre lo bien que la pasó con ella. Entre palabras tan tiernas Enrique explica su necesidad de libertad y que no quiere que esto que pasó entre ellos no trascienda hacia una relación de tipo burgués. Enrique habla de la perfección de la relación que mantuvieron Sartre y Simon de Buvoire, el tipo de relación que él quiere tener con esas chicas que no llegan a ser Laura. Porque con ella sería distinto, con ella la libertad estaría implícita, estarían encadenados, pero solo por los sutiles hilos de la elección individual. Carolina lo escucha y dice opinar lo mismo, dice haber pasado por relaciones normales y haber salido lastimada o haber lastimado, y que las relaciones así, solo llevan al odio, al rencor y a la paranoia, o al celibato... que es peor...jajaja, Carolina se ríe. Carolina se empieza a dormir. Enrique sigue despierto y piensa en Laura, en como se entregaban a tales sacrilegios de manera masoquista.
XIII
Mirar y no saber qué se mira. Cantar hasta quedarse disfónico una canción que no se conoce. Invocar todo tipo de yuxtaposiciones metafísicas para beber del río del nihilismo. Transformarse en un monstruo para que todos huyan, o disfrazarse de humano para consumirle las almas a quien nos rodee. Volver al comienzo y reclutarse nuevamente a la paranoia.
Ser narrador omnisciente, decir que Hector esta enamorado de Enrique, pero... shhh!!!, que nadie lo sepa; decir que Laura siempre estuvo enamorada de Enrique, que nunca se lo dijo por las mismas razones que él... pero todo siempre va mas allá de estar en todos lados. Habría que inventar un nuevo tipo de narrador. Me gusta soñar con un narrador omnipotente, que les soluciona la vida a todos sus personajes, pero, de alguna u otra forma, esto ya esta hecho en aquellas novelas del finalfelicismo; o el narrador despechado, que porque su vida es una mierda disfruta arruinándoles la vida a sus infelices personajes. Me complacería realizar la mayor estafa literaria produciendo una novela con todas sus páginas en blanco, si... si... me mearía de risa.
La creación genuina y socialmente juzgable.
Escribir como se me da el forro del orto (sí, escribí la poco sutil y estilística frase EL FORRO DEL ORTO)
Sin concepciones de
párrafos
En fin, declararme paranoicamente en contra de todo, incluso de mí mismo. Pero Enrique se siente solo y son ya las cuatro y media de la madrugada y piensa en Laura y en su infortunio como ser. Escribe. Siente el pánico de Mallarmé frente a la hoja en blanco que no esta en blanco, sino que esta conteniendo unas cuantas palabras escritas pero no pensadas, por lo menos así lo cree. Se cree surrealista, se cree automatista.
Pero esta solo y eso ahora no le gusta.
XIV
¿Qué se dice cuando se dice? ¿Cuál es el murmullo de Héctor en una oscuridad tan conocida para él como la teta de su mamá? ¿Qué dice Héctor cuando dice “¿qué se dice cuando se dice?”? No mamá, no voy a volver a manchar mi ropa con sangre, no. Lo que pasa es que yo quiero estar desnudito, quiero vestirme de barro y de pasto para que no me encuentre y no me pueda manchar de sangre. Yo quiero andar desnudito, no quiero ropa, así no tenés que esforzarte tanto en lavar. No queremos mas manchas de sangre. No queremos mas esconderme en la oscuridad tan conocida como tu teta. Yo conozco esa teta, ese biberón divino de carne y miel, y conozco la oscuridad de huesos y sangre, de insultos, mordiscos y palizas. No quiero conocer tu teta. No quiero tu teta.
Y el mundo giro esa mañana para ahuyentar de su faz todas las manchas de sangre. La herejía anécdota se hizo un poro turguñón o merovingio para quien empalidece en la fobia juego de la mascara de mar. Mirame, mirame fuerte cuando te nombro; mirame a la cara cuando te mancho de sangre; cayate que te van a escuchar; habla que me gusta; no quiero mas tu teta, no quiero mas la oscuridad del parto.
Dejame solo. ¿Qué se dice cuando se dice?
XV
“Las cosas pasan a veces por casualidad”, o tratas de convencerte de que la realidad responde a esas cosas sutiles que no entendés, pero que te alivian de tanta responsabilidad. Enrique... ¡cuánto hace que no te miras en el espejo de tus lagrimas! Duele, lo sabemos todos, pero a veces es necesario, como a veces es necesario que las cosas pasen por casualidad.
Es el fin de tu historia, el borde de la cronología, la ultima etapa, las postrimerías de tu existencia... o esas cosas raras que pensás cuando pensás en quien ya sabés...si, Laura, solo que ya estoy cansado de escribir todo el tiempo, todas las paginas, el nombre de Laura. ¿Podemos nombrarla de otra forma?¿Podemos rebautizarla en la nueva unción que inventemos?. ¡Bah!, no sé porque te tengo que preguntar a vos, vos sos mi personaje y estas destinado a obedecer lo que yo te plantee en estas hojas, que forman tus recuerdos y algunas cosas que vos llamas casualidades. Me imagino tu cara al saber que yo te estoy haciendo pasar por todas estas cosas con el objetivo de concretar mis deseos egocentristas de pseudo-escritor. Pero la verdad es que no me interesas nada mas que para transcurras por estos caminos de tinta que me van a llevar a mí al éxito, la fama, el dinero, las entrevistas, las mujeres (seguramente con mejores tetas que Paola), los amigos, la farándula, la riqueza, la miseria... cuando comience a escribir ese libro en donde un muchacho llamado Enrique sufra distintos colapsos existenciales, sus amigos sean unos entes puramente periféricos, el escritor y critico literario Angel D. Ramírez sea citado –una o dos veces- y aparezca otro personaje que es el escritor que cree que habla con su personaje y le cuenta sus complejos de Dios y como se llenara de dinero, fama y mujeres tetonas. Pero, es ridículo, ¿No?. Ridículo. Ridículo. Ridículo. Ridículo. Ridículo. Ridículo. Ridículo. Ridículo... como una historia que termina antes de empezar o un comienzo que deja de ser historia antes de empezar. Ridículo... (tono de sermón) ridículo... (suspiro)
Alfa
Rápidamente se acostumbró a adjetivar. Resimbolizó cada partícula del universo; el culto al yo se encontraba en él en la enésima potencia. Si lo escucharais dejaríais de pensaros tan distintos, seguramente su ponzoña os haría parte neutral de una masa insípida e homogénea que a poco de avisparse de gentes tan castamente adormilada en los sacros sepulcros del año 2000 de nuestro señor os aceptaríais como las más tontas e rastreras bestias de los avernos del ángel Lucifer. Coloreados por la providencial materialización de un sueño del naciente pensamiento despótico de algún querubín risueño, nos encontraríamos tan solos e tristes que la pena seria nuestro sentimiento más digno hacia nosotros por parte de su persona
XVI
Tristemente apasionado, el volcán en erupción esta aflorando entre mis mejillas de hojalata. Algunos agujeros de mi ventana parecen vortices, otros se acurrucan entre las faldas de mi madre para descifrar el secreto de mi génesis. Nadie o todos. Operas primas suenan fuertes en silabeos desgarrantes... mmm... mmmurmullo... mmmucho... rrruido... algunas nnnueces para fffestejar. Anunciada la hipoteca de los sueños, bambolean sus cabelleras al ritmo de un sujeto tácito.
XVII
Hoy toco de vuelta esa banda. Hoy Enrique cruzó a la panki y la miró con cara de chulo negando su participación activa en la formación de esperanzas en esa golfa. Mtv estaba sonando bastante majo en el tugurio de la chingada, algunos drinks estimulaban la velada. Pero Enrique es un güey bastante culero como para arrimar su existencia a la trinca panki. Metido en su guetto, la mira, pega un sorbo de valentía ( de tres pesos la lata) y encara a confesar la verdad. El fondo de ojo se vio desgarrado por cinco hileras de demonios que unidos bajo una forma humanoide colapsaron
el bienestar etílico del sujeto. Seria mejor escenificar la secuencia diciendo que voló algún diente de E, pero dejémosle las ficciones a Borges y demos cuenta de la fuerza real de P:
Según el “Scientific Journal”, una persona bajo un fuerte estado de ira puede llegar a duplicar y hasta triplicar su fuerza normal. Ahora bien, en otro numero de la misma publicación se da a conocimiento que un sujeto, sin ningún entrenamiento físico, posee la fuerza necesaria como para levantar 2 y ½ veces el peso de su cuerpo. Las características físicas de P son las siguientes ( tomando solo los datos centrales para nuestra investigación):
-Ojos marrones
-Pelo lacio castaño oscuro
-95-63-89
-1,64 m de altura
-Cola redondita
-59 Kg
Si P tiene 59 Kg de peso, y todas las personas bajo un fuerte estado de ira puede llegar a duplicar y, en este caso dado el nivel de ira, triplicar su fuerza normal, y esta fuerza esta dada por el peso de su cuerpo por 2 y 1/2 , la fuerza de P en ese momento de ira era de 147,5 Kg ( tomen lápiz y papel. Ahora, la fuerza necesaria para sacar una pieza dental es de 203 Kg. No olvidemos la aceleración; el golpe tuvo su punto de inicio a unos 30 cm del rostro de E y la velocidad fue de 300 km/h. Por lo tanto la fuerza con la que E recibió el golpe fue de ...........* . Pero hay que tener en cuenta que el golpe fue un literal bife, por lo tanto la potencia se disminuye bastante en comparación con un golpe de puño, mucho más sólido. Así que como conclusión podemos afirmar que el caso del cual estamos hablando no concluyo en una extracción dental improvisada.
*tome lápiz y papel
XVIII
Tengo unas cuantas mentiras proverbiales para vociferar en esta noche tan propensa a la calumnia. De aquel lado están tus oídos para recibir mi pecado y tus ojos para analizar todos mis calculados movimientos. Ya te dije en otro momento que deseaba reconciliarme con la paranoia. Nada de cadáveres exquisitos, nada de poesía ni prosa ni cuento ni nada... es mentiras lo que te puedo regalar. Me gustaría, antes de seguir con mi pérfida eyaculación, que me des a probar un poco de esa orgía de colores que tenés en tu pentadactilia. Mmmh, sabrosa combinación. Mentiroso porque sí. No, no te estoy diciendo la verdad. Aja. Me cuesta pensar así, pero... para un poco. Es solo una mentira, en realidad un conjunto de mentiras. Digámoslo de esta manera, y es la última verdad que te digo: si te pusieras por un segundo a conjeturar de manera lógica el sentido de las palabras que repercuten en mi garganta, te darías cuenta que no escapan al resultado de ser un gran conjunto coherente de mentiras.